Réplica al debate

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El soliloquio en cadena virtual

Una vez más lo que vimos los mexicanos interesados en el país, y no tanto en el futbol, no fue propiamente un debate. Vimos de nueva cuenta un formato acartonado, de simple y básica exposición de propuestas y de manejo de estrategias para tratar de remontar posiciones vía descalificaciones.

Lo que vimos el domingo 6 de mayo, desde mi punto de vista, es una síntesis del nivel de la política mexicana, y con esto no estoy descalificando solo a candidatos y a partidos, sino también al órgano electoral, al IFE, que no ha tenido el acierto de diseñar un formato de debate que permita, precisamente como el nombre lo indica, que los candidatos puedan debatir sus ideas a partir de propuestas y diferencias, más allá de las posibilidades que dan las réplicas y contrarréplicas.

Creo que, como se esperaba, le va mal a Enrique Peña Nieto, quien se la pasó activo en la defensa y hasta tiempo le hizo falta para ello, pero le va peor a Josefina Vázquez Mota, quien no pudo zafar en ningún momento la angustia de su rostro y, aunque se alió por la vía de los hechos al ataque contra Peña Nieto, finalmente no figuró; Gabriel Quadri, ya se sabía que no tenía nada qué perder y sale ganando más que todos, quizá con la cuenta alegre de que sí logre el porcentaje necesario para mantener el registro del Panal, partido que apoya al candidato del PRI. Y a Andrés Manuel López Obrador seguramente le alcanzará con este primer debate para apoderarse de la segunda posición en las encuestas y de ahí perfilar, como ya lo pudimos notar, su estrategia de ataque o de contraste contra el candidato puntero. El tabasqueño fue además protagonista del momento chusco, al mostrar de cabeza una fotografía de Peña Nieto y sus amigos. Tan chusco como cuando Peña Nieto intentaba mostrar las suyas y nunca salieron a cuadro.

Sigo pensando que la política está en deuda con los electores. Tenemos un muy bajo nivel en nuestros políticos y por lo tanto es creíble que las mayorías se inclinen por un partido de futbol y no por un debate de presidenciables, pero no por ello es justificable la actitud prepotente de los dueños de las televisoras más influyentes del país, al querer decidir por los televidentes lo que quieren ver o no.

Afortunadamente existe el Internet y las redes sociales ayudaron impresionantemente para que el verdadero debate se diera por esos canales. Una pena es que el foco se centró en la edecán del IFE, y eso nos habla de que en las prioridades de los ciudadanos, la política definitivamente no ocupa un buen lugar, simple y sencillamente porque no se lo ha ganado. Ella finalmente no tiene la culpa. Me refiero a la edecán. Tan no la tiene que se robó los reflectores y salió ganando como ninguno de los panelistas del “soliloquio” llamado debate que pretendieron provocar los dueños del duopolio televisivo.

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